¿Necesita un blog un escritor?

Me comentaba un viejo conocido hace un tiempo que se estaba planteando abandonar su carrera como escritor. La cuestión no tendría más chicha que un triste enunciado sino fuera porque yo estaba llamando a aquel tipo para pedirle consejo sobre una carrera literaria (la mía, se entiende) que no terminaba de despegar.

Pongámonos en situación, el tipo en cuestión es uno de esos culos inquietos de las artes que lo mismo te escribe un libro que te dirige una orquesta, compagina varias profesiones a la vez y hasta se permite tontear con la política, lo puedes ver de extra en alguna que otra peli española o entre bambalinas como guionista de alguna que otra obra de teatro. En definitiva, al tipo en cuestión, se podría decir que le va bien. De hecho, qué coño, publica en Planeta, ya lo he dicho, es decir, al tipo en cuestión le va bastante bien. Y yo, ingenuo cual chiquillo, me acerco a él para pedir consejo y me suelta eso, así, a bocajarro: “No me compensa.”

Pero, ¿por qué no?

Hoy en día un escritor tiene que sacar tiempo para trabajar su marca personal. Los que venimos del mundo empresarial conocemos bien este término, otros te miran con cara rara cuando sueltas eso de Branding. Llegar al público cada vez es más complicado precisamente porque las redes le han dado voz al último vecino del pueblo, aquel que jamás opinaba, y entre tanto ruido digital ahora te toca a ti hacerte notar. Famoso ha sido el caso del poeta que sin haber publicado nada tenía más de 700,000 seguidores en Instagram. ¿Y la calidad? Este poeta por lo visto era tan malo (sin ánimo de opinar que a mí la poesía, ni me va ni me viene) que cuando se le declaró ganador de un prestigioso concurso nacional, los críticos que no habían oído hablar en su vida de él (y viendo que su presencia en la red parecía más propia de un perfil inventado) empezaron a elucubrar con la posibilidad de que dicho poeta no existiera y fuera algún tipo de robot el que hubiera escrito el poemario en cuestión ahora publicado por dicha editorial. Buf, escribir sin decir nombres es agotador…

Resulta que el poeta en cuestión existía y si ganó el concurso fue, por lo visto, por tener ya esa presencia en la red que ahora trato de conseguir yo. Pero no será el Menda Lerenda quién critique las estrategias de los demás, que en España los concursos literarios están amañados es un secreto a voces al mismo tiempo que un mal necesario. Presentar a un nuevo ganador (si es joven promesa, mejor que mejor, aunque yo ya empiezo a ser demasiado mayor como para ostentar dicho título) es la mejor manera de darle publicidad a un desconocido, la editorial en cuestión se ahorra un enorme trabajo en promoción (ganar un concurso siempre es sinónimo de credibilidad) al mismo tiempo que el galardonado recibe un adelanto que recibiría de todos modos por fichar con su nueva editorial. Todos salen ganando. Lo malo es cuando uno de las requisitos para ganar es la presencia en la red, y cuando digo lo malo me refiero a malo para mí, claro, que en Instragram no tengo ni 100 seguidores. Que el poeta antes mencionado tuviera más de 700,000 sin haber publicado hace sospechar que muchos fueran comprados en las famosas granjas de clicks. Y si quieres saber más sobre las granjas de clicks, pues te compras mi libro (si algún día llega a publicarse) y así te enteras de los entresijos del mundillo digital que yo tan bien conozco y tan mal aplico en mi provecho personal.

Así pues, mi conocido me decía que no le compensaba seguir escribiendo porque (auto)promocionar su carrera como escritor se le comía demasiadas horas en las cuales no podía trabajar de verdad. Yo, por mi parte, como empresario, siempre he considerado las redes como un trabajo de verdad. Escribir, sin embargo, es algo que haría el resto de mi vida aunque no me pagaran por ello. La diferencia entre mi conocido y yo (además de la generacional) es que yo vengo de los negocios y él no. Toda esta introducción larguísima venía para plantear una pregunta, LA PREGUNTA con la cual quería comenzar el blog. Y es la siguiente:

¿Necesita realmente un escritor un blog?

Si estás leyendo esto, ya habrás adivinado la respuesta… El mundo editorial ha perdido fuelle, eso es fácil de ver, la gente cada vez lee menos y los libros cada vez generan menos beneficios. Vivimos en un país donde el 40% de sus habitantes reconocen no abrir un sólo libro en todo el año y las descargas por Internet (muchas veces piratas) están haciendo auténticos estragos. La crisis del 2008 sentó un precedente, no sólo en lo literario, en la moda, en el cine, en la música… Ahora se tiende mucho más que antes a lo barato. La calidad es un extra que ya no importa tanto. No importa lo mucho que te curres una entrevista, al final, el posible cliente en cuestión, lo primero que te pregunta es si le puedes hacer un descuento. Y lo sé, porque es nuestro diario. El empresario busca rentabilizar su producto lo máximo posible y para ello busca gustar al máximo número de ciudadanos. El resultado final es un producto blando, sencillo, fácil de entender y de llevar. Literatura blanda, de consumo masivo, que siga las modas actuales (feminismo, independentismo, fascismo…) y que haga que el lector poco dado a leer se crea todo un intelectual. Aunque ya nadie diga nada nuevo. Aunque ya nadie arriesgue. Patrones que determinan el corte de todo producto comercial. Antes de la crisis se publicaban unos 560.000 ejemplares anuales de hasta 3000 novelas nuevas cada año. Ahora se considera un logro si se publican unos 340.000, es decir, casi un 40% menos en tan solo diez años.

Sin embargo, no todo es niebla en la industria. El confinamiento ha supuesto un respiro para el mercado y es que no hay nada mejor que un buen libro cuando uno no puede salir de casa… Los índices de lectura subieron hasta el 68,8% de la población, de los cuales, hasta el 64% reconocía leer por puro ocio y solo el otro 4,8% lo hacía por sus estudios o trabajos. ¿Y qué leemos los españoles? Porque la verdad, cada vez que paso por una macro-superficie veo siempre en los escaparates la última biografía del politicucho de turno, ¿venden tanto realmente? Pues lo cierto es que más del 60% de los libros que se venden en España son novela. ¡¿Quién lo diría?! Vale, pero, novelas de quién. Los más vendidos en España son Pérez Reverte, Eduardo Mendoza, Javier Marías, Almudena Grandes, Rosa Montero… Supongo que te haces una idea.

La siguiente pregunta en cuestión, dada la trayectoria de esta gente, sería: ¿tienen ellos un blog? Y la respuesta, tras una rápida búsqueda en la red, es un sí rotundo. Y los que no tienen blog propio, lo hacen para los distintos formatos de El País.

¿Alguna conclusión?

No quiero terminar este post con esta sensación, como si estuviera criticando la industria de la que quiero formar parte, sería tremendamente irresponsable por mi parte morder la mano que todavía ni siquiera me ha dado de comer. Hace un tiempo, un familiar que se había leído mi libro me dijo que creía que el libro (el que ahora trato de publicar) era bueno, que le había gustado, y que no debería importarme tanto publicar o no. “Puedes autoeditar y se lo vendes a tu gente más cercana, los que estén interesados”. Lo dijo con toda la buena intención del mundo, pero no era consciente de mi interés por el éxito. Ah, el ego, ese algo tan grande y difícil de definir que desborda a los escritores incluido los noveles no publicados como yo. Prometo dedicarle un capítulo extenso al éxito en este blog y a por qué lo asimilamos a veces a lo negativo en este país. No parece una meta noble a alcanzar. Como si fuera antónimo de calidad. ¿Es Philip Roth peor escritor que John Fante solo porque el primero alcanzó el éxito en vida y el otro murió pobre cual polilla mutilada?

Cuando uno le dedica tanto tiempo y tantas energías a algo, como en mi caso ha sido la literatura, es normal que aspire a tener cierto reconocimiento. No hay nada malo en ello. El problema es que en estos tiempos que vivimos la competencia se ha vuelto atroz. ¿Quién escribía libros hace 80 años? Los bichos raros del colegio a los que no les gustaban los deportes y se pasaban los recreos con la cabeza metida en un tochaco pesado con cubierta de cuero. ¿Quién escribe libros hoy por hoy? Uno está tentado a responder que todo el mundo… Una editorial grande puede recibir unos 1000 manuscritos no solicitados todos los años. Eso son cuatro libros por día de gente que, como yo, aspira a ser escritor. En The Affaire, una serie sobre las infidelidades de un escritor de clase media, dijeron una frase que me pareció fantástica, parafraseando: Todo el mundo lleva un libro dentro, lo raro es el que lleva dos. Bien, yo no llevo dos, yo he escrito ya siete. He estado trabajando duro, documentándome mucho (cosa que tampoco me molesta, es más, seré claro, me encanta encontrar un tema central y buscar a otros escritores que abordaran dicho tema y ver cómo lo hicieron), he ido a clases de literatura creativa, me he presentado a concursos, conozco el mercado (al fin y al cabo, además de escritor y marino, también soy empresario) y sus condiciones, y después de todo este tiempo, y después de todo lo vivido, quiero seguir jugando. Y no creo que tenga que sentirme culpable por querer cierta parcela del éxito.

¿Necesita un escritor hoy por hoy un blog? La respuesta irrefutable creo que es sí, y por eso estoy inaugurando el mío con este artículo. No pienso dedicar el blog solo a literatura porque mi vida no gira en torno a la literatura, así que habrá artículos que hablen sobre mis viajes (a la Antártida, por ejemplo) y habrá artículos que hablen de negocios, de política, de economía y de esas cosas que me interesan y de las que también hablo en mis libros. Espero estar aquí por muchos años y espero que el resultado merezca la pena el esfuerzo. Intenciones, desde luego, no me faltan.