Las mujeres de mi vida

Vaya título casposo, lo sé, pero es que destacar en internet es cada día más difícil y yo soy un don nadie. Estaba escribiendo un artículo sobre la cuarta revolución industrial y el futuro laboral de aquellos que, como yo, seremos sustituidos por robots algún día, pero la verdad es que hasta yo me estaba aburriendo con el artículo y por eso he decidido volver a la literatura y escribir sobre las mujeres que más me han marcado, y no me refiero solo a lo literario.

Hace ya unos años mi profe de escritura creativa, Lara Moreno, me hizo ver la cantidad de autores varones, blancos y heterosexuales que yo leía. Y lo peor de todo es que, no solo leía a hombres de mi misma condición, por lo que mi visión del mundo (y de la literatura, ya puestos) estaría siempre limitada, sino que además, en mi repertorio de escritores idealizados abundaban alarmantemente los machistas y misógenos de la talla de Bukowski, de Philip Roth o de David Foster Wallace. La bronca (cariñosa, siempre, como ella era incluso cuando se indignaba) me la echó cuando en un mismo relato yo usé adjetivos que hacían referencia a la personalidad para describir al protagonista varón, pero para describir a la protagonista femenina solo hice referencias a su físico. Efectivamente, lo había hecho sin pensar, sin maldad, simplemente había copiado la forma habitual de escribir de aquellos a los que admiraba. Me propuse leer a más mujeres y he aquí una pequeña lista de aquellas a las que he leído estos años.

Decidí que si iba a leer a mujeres para tratar de escribir desde una perspectiva un poco más feminista, debía empezar leyendo la biblia del feminismo. No tengo ningún reparo en reconocer que El segundo sexo es de los libros más difíciles que he leído en todos los días de mi vida. La segunda mitad, eso sí, menos filosófica y más histórica (o de una historia más reciente por lo menos) me encantó. Tardé bastante en leerme el libro y es que cada poco llegaba a alguna reflexión que me hacía pensar en mi propia vida y en mis relaciones con las mujeres. Paraba, me leía una novela corta o dos, y unas semanas después retomaba el libro por donde lo había dejado y así estuve cerca de un año.

Y después de Simone de Beauvoir vino, como no, Virginia Woolf, quien se ha convertido en una de mis escritoras preferidas. Hay una anécdota en Una habitación propia sobre una herencia que le dejó una tía suya que vivía en la India y a la que, en realidad, apenas conoció, que me parece tan fascinante por su conclusión que cada vez que puedo la incluyo en mis textos. Básicamente, la escritora decía que la herencia le llegó más o menos a la vez que el sufragio femenino llegaba a Inglaterra y que de esas dos cosas, el dinero y la libertad para votar, lo que de verdad marcó su emancipación como mujer y la posibilidad de dedicarse por completo a la literatura fue el dinero. ¿Podría acaso seguir yo intentando publicar (y ya van más de cuatro años) mientras escribo mi próximo libro y llevo este blog sino fuera porque tengo dinero para ir tirando mientras me rechazan todas las editoriales habidas y por haber de este maldito país?

De política y de dinero entiende un rato Naomi Klein, de quien me he leído ya varios libros pues no solo leo ficción. Es más, creo que en el último año apenas habré leído ficción y mi estantería se ha llenado sin querer de libros sobre finanzas, economía, política, China… El éxito le llegó con No logo, pero para mí, la labor de documentación llevaba a cabo en La doctrina del shock me parece impresionante. Del programa secreto MK Ultra a los manuales de tortura de la CIA puestos en marcha en Guantánamo hasta la compra de los terrenos costeros de Sri Lanka después del tsunami del 2004 por parte de grandes grupos hoteleros. Libro que saca lo peor del capitalismo y que le da un repaso a las actividades encubiertas de la CIA desde los años 50 hasta Irak y Afganistán. Muy recomendable.

Y si de guerras se trata, Medio sol amarillo narra, con dramático realismo pero sin perder la sensibilidad en ningún momento, uno de los acontecimientos más tristes y menos documentados (en la Europa blanca, quiero decir) del siglo XX. Biafra podría haber sido un país independiente si no fuera porque la región que reclamaba era la zona más rica en petroleo de toda Nigeria y, seguramente, de toda África. Lo llamamos guerra pero en realidad fue una matanza donde occidente jugó un papel importante (quizá por eso la falta de documentación) debido a los intereses empresariales. No es el único libro que me he leído de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, quien además de novelas y relatos ha escrito ensayos.

En un tono igual de crudo, Zoé Valdés nos cuenta en La nada cotidiana sus experiencias personales y su despertar (intelectual y sexual) en una Cuba destrozada donde el hambre y el aburrimiento son una constante. Un libro con tintes de realismo sucio que nada tiene que envidiar al relato más sórdido de Pedro Juan Gutierrez.

Y con cierto trasfondo político, el libro que aman todos los neoliberales, El manantial, de Ayn Rand, me parece una de las novelas más interesantes que he leído en mi vida. Me encantan las historias que giran entorno a un tema (el individualismo en este caso) y que pueden hablar durante más de 700 páginas sobre lo mismo sin llegar a mencionarlo directamente (al menos no, hasta el discurso final durante el juicio). Algo así como la teoría del Iceberg de Hemingway, pero en lo político.

La campana de cristal de Sylvia Plath gira siempre al rededor de un tema, la depresión, pero lo que ha hecho que este libro sea un clásico, además de lo dramático de la vida de la escritora, es la forma en la que describe todo el proceso. El internamiento, los tratamientos de electroshock… Escribir es terapéutico, siempre lo he dicho, quizá sea el motivo por el cual muchos comenzamos a escribir, para tratar de lidiar mejor con cosas que nos cuesta entender. El hecho de que Sylvia fuera poetisa le da a este libro un toque magistral, la narración de su depresión resulta desgarradora. Es imposible que este libro no te deje huella.

Una no ha de volverse loca para que el mundo lo crea. La vegetariana de Han Kang es un libro fabuloso que cuenta en tres actos la vida de una mujer desde el punto de vista de los demás (su marido, su cuñado y su hermana) y ella solo tiene voz cuando el narrador trata de mantener una conversación con la protagonista.

Hay muchas más, como Erica Jong (Miedo a Volar), Alice Munro (única ganadora del Premio Nobel de todas las que menciono en este artículo) o Lorrie Moore (de quien recomiendo, sobre todo, sus relatos), pero ya falta poco para que se despierte mi hijo y quiero aprovechar los pocos minutos de tranquilidad que me quedan para seguir leyendo El infinito en un junco (de Irene Vallejo), libro que me tiene muy enganchado.

Aunque, por supuesto, son muchas las que tengo pendientes, me llevo al barco para mi próxima campaña en alta mar una autobiografía de Angela Davis junto a la famosa Nada de Carmen Laforet, espero que mi profe de escritura creativa se sienta orgullosa de mí. De todos modos, se aceptan sugerencias.

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