¿Seremos substituidos por robots? Sé que yo sí

Escribo mi último artículo antes de volver al barco. Para el que no lo sepa, soy el primer oficial del Sarmiento de Gamboa, el oceanográfico del CSIC considerado el buque insignia, el que cuenta con la mayor tecnología que tenemos en España, el modelo a seguir del cual surgieron muchos otros oceanográficos europeos y, sin embargo, hoy por hoy, seguimos sin internet a bordo. Lo cual me lleva a preguntarme, ¿somos tan importantes los tripulantes?

Los barcos no están pensados para las personas

Es algo que solía decir uno de mis profesores y no lo entendí hasta que empecé a navegar. Cualquiera que haya estado a bordo de un petrolero o un granelero en lastre sabe a lo que me refiero. Intentar dormir cuando el barco tiene balances de 15 grados a cada banda se hace bastante difícil. Cuando ves uno de estos barcos fuera del agua, entiendes por qué. Básicamente son cajas de zapatos a los que alguien ha añadido un edificio de cuatro plantas, una hélice y un timón en la popa. Los barcos están pensados para aprovechar hasta el último metro cuadrado de la bodega, es decir, para que quepa cuanto más carga, mejor. Los tripulantes somos un mal menor.

Sé lo que estará pensando ahora mismo el instruido lector, que los cruceros y los ferries son bastante cómodos y navegan muy bien y, por lo general, se mueven poco. Es verdad, este tipo de barcos sí que están pensados, desde el principio, para la comodidad de las personas, pero es porque en estos barcos las personas son la carga. Os puedo asegurar que los camarotes de la tripulación no son tan cómodos como los del pasaje.

En la mayoría de los barcos mercantes de nuestra querida marina, las campañas siguen siendo de cuatro meses a bordo y dos en casa. Y en la mayoría de los mercantes en los que he estado, la conexión a internet era pésima o, directamente, no existía. Imagina estar cuatro meses desconectado del mundo… Vale, sé que no suena tan mal, pero ahora piensa que te vas a Turquía a descargar varillas de hierro para la construcción y que le dices a tu mujer que, si pasas lo suficientemente cerca de alguna isla griega, quizá podáis hablar. Y si no, que no pasa nada, que ya habláis dentro de tres semanas cuando vuelvas a algún puerto europeo y tengas otra vez cobertura…

Sin internet, ni teléfono, ni un gimnasio donde poder estirar las piernas, la vida a bordo se hace a veces muy difícil… Cruzar el Paso de Drake (o Mar de Hoces, según qué cartas consultes) para llevar a nuestros científicos a la Antártida, y tener que hacerlo sin un parte meteorológico porque internet no funciona bien esos días, es una de las temeridades más grandes que he hecho en mi vida, y eso que yo tuve una juventud un tanto alocada. Siempre que alguien me pregunta respondo lo mismo, estar en la Antártida fue todo un honor y un privilegio, y también una experiencia que no quiero repetir…

Un futuro no tan lejano

El tema de la cuarta revolución industrial me interesa mucho últimamente, quizá porque he sido padre y tengo que pensar en el futuro (y en las posibilidades) de mi retoño. ¿En qué clase de mundo vivirá él? ¿Qué estilo de vida llevará?

Hay muchos estudios y expertos que no llegan a ponerse de acuerdo en cuanto a la destrucción de empleo, los más precavidos aseguran que para el año 2050 habremos perdido el 10% de los puestos de trabajo a nivel mundial, lo más atrevidos hablan incluso del 50%. Siempre que menciono estos datos, la gente me responde que los puestos de trabajo que se destruyan serán substituidos por otros, si se crean robots y algoritmos capaces de hacer nuestro trabajo, habrá que buscar personas que supervisen y hagan el mantenimiento de estos robots. Pero no es así. La destrucción de empleo será muchísimo mayor (y más rápida) que la generación de nuevos puestos de trabajo. Cuando se dice que la mitad de la población mundial perderá su trabajo hay que matizar al final que no existirá modo alguno de reciclarse ni incorporarse a otro sector.

Un estudio de la consultora Bain estima que dicha destrucción llegará mucho antes y que ya en EEUU para el año 2030 se habrán perdido entre el 20 y el 25% de los trabajos. Y por otro lado, el Foro Económico Mundial estudió la relación del número de horas de trabajo entre humanos y máquinas y concluyó que las horas correspondientes a las máquinas se verían incrementada del 29% (dato de 2018) al 52% (dato que se estima para 2025).

De hecho, el futuro ha tomado cierta carrerilla aprovechando el tirón del coronavirus. Recordemos que grandes marcas como Inditex o El Corte Inglés están ahora por cerrar hasta la mitad de sus superficies, lo mismo que están proyectando hacer de forma progresiva bancos como el BBVA o el Santander. Lo que no hay que olvidar es que estos proyectos ya se habían anunciado antes del coronavirus, debido a los problemas económicos en algunos casos (y escándalos en la Junta de Administración) o simplemente para ir cediendo terreno a las ventas online y ser así más competitivos. En el caso de los bancos, la verdad, no sé por qué no se hizo antes. El día que tuve un problema con un pago y fui a reclamar a una sucursal del Santander y me dijeron que no podían atenderme, que dicha reclamación debía hacerla en la sucursal en la que me había abierto la cuenta, perdieron un cliente. Por aquel entonces yo vivía en Sevilla, y dicha cuenta la abrí en el campus universitario de Puerto Real donde tuve que ir, sí, pero para cerrar definitivamente mi cuenta corriente.

Barcos sin tripulación

Las investigaciones de coches no tripulados han sufrido un pequeño traspié debido a los accidentes que ha habido en EEUU y a que el nuevo presidente ha decidido que ya tiene bastantes problemas con los que lidiar como para sumarle una posible huelga de camioneros y es que, por si no lo sabe el querido lector, el sindicato de transportistas allí (con un pasado muy arraigado a la mafia) tiene un poder y un peso contra el que ningún presidente querría lidiar.

No obstante, volverán a intentarlo. Y si no que se lo digan a Elon Musk, quien ha dejado claro recientemente que el éxito en la cotización de las acciones de su empresa no se debe en exclusiva a la fabricación de coches eléctricos (ni a una posible burbuja en la bolsa), sino a que el día de mañana, Tesla podría tener un tipo de monopolio sobre el tráfico en EEUU, tanto con los vehículos autónomos (coches y camiones), como con su famoso túnel de alta velocidad. Una gran vía nacional gestionada por su compañía, y encargándose de todo el transporte rodado del país, personal y comercial. Y ya de paso, de los viajes espaciales también, con el permiso de Richard Branson y Jeff Bezos.

Algunos países han dado un paso más allá, y han empezado a probar prototipos de barcos sin tripulación. La verdad, no es tan difícil como parece. Hoy en día las cartas náuticas que usamos los marinos para trazar las rutas de navegación son electrónicas y se pueden conectar directamente al piloto automático (cosa que no hacemos nunca, pero sí, se puede), de manera que el barco corrija el rumbo cuando llega a uno de los puntos marcados de antemano (WP por su nombre en inglés) por el oficial de navegación. Incluso se le puede especificar de cuántos grados ha de ser dicha caída (perdón por el argot, es la costumbre) y cómo de abierta o cerrada debe ser.

Lo único que hoy por hoy no pueden hacer los barcos es tomar decisiones. Pero ese día llegará. Es tan fácil como conectar las cartas náuticas, el GPS, el timón y el radar a un pequeño ordenador en el cual volquemos el código de navegación (RIPA) para que el barco, al detectar un blanco en el radar (otro barco) sepa, en función de nuestro código internacional, quién debe apartarse de la derrota (rumbo) de quién o, a veces pasa, si son los dos barcos los que tienen que cambiar sus rumbos para evitar la colisión.

¿Y qué pasa en las zonas donde haya muchísima densidad de tráfico como por ejemplo el Estrecho de Gibraltar o el Estrecho de Dover? Lo mismo que pasa con los aviones. Igual que hay un controlador aéreo que gestiona el tránsito de decenas de aviones a la vez, en estos puntos habrá torres de control (no muy distintas a las que ya existen) que, en lugar de dar instrucciones a los oficiales por vía radio, tomarán el control literalmente de los barcos gracias a una serie de códigos o protocolos que tendrán pactados de antemano con las navieras. Estos controladores accederán al ordenador del barco y de esa manera podrán adecuar el rumbo y la velocidad al tráfico del momento.

Pero, ¿y cómo se atraca el barco? Pues, igual que hoy en día, cuando se llega a puerto el práctico salta a bordo del barco para dar instrucciones al capitán sobre la maniobra de atraque, en el futuro el práctico subirá junto con una colla de marineros que se encargarán de los cabos. Solo hay que hacer un poco más grande la lancha del práctico para que quepan más personas a bordo.

¿Y si hay una avería en mitad de la nada? Lo que no sabe el lector curioso es que en los barcos mercantes el departamento de máquinas se ha visto reducido a lo mínimo y necesario. Bueno, en realidad, toda la tripulación ha sido reducida… Porque, como ya he dejado claro antes, somos un mal menor. Primero desapareció el oficial de radio, pusieron equipos automáticos e hicieron que los oficiales de puente tuvieran que estudiar cursos de radio-comunicaciones. Después desapareció el personal sanitario a bordo (salvo en algunos cruceros de lujo y alguna excepción muy notable). ¿Quién necesita un médico a bordo si el personal de puente (otra vez) puede hacer un curso de primeros auxilios de una semana y hacerse cargo? Más tarde le llegó al departamento de máquinas.

La mayoría de los barcos mercantes de hoy cuentan con un sistema llamado máquina desatendida. Básicamente, hay un ordenador que controla la máquina y cuando salta algún chivato (alarma de alta temperatura en el agua de refrigeración, por ejemplo) suena una alarma en el repetidor que tienen en el camarote el jefe o el primer oficial de máquinas y así, uno de ellos baja a revisar. En realidad, el trabajo que realiza el departamento de máquinas suele ser muy básico (y aquí siempre hay pullas entre los departamentos como si de un Madrid-Barsa se tratara) porque hoy en día quedan muy pocos a bordo, así que se dedican a hacer limpieza y algo de mantenimiento y las reparaciones importantes se programan para cuando el barco está en puerto. Viene un taller especializado que esté avalado por la casa del motor (Wartsila, Caterpillar, la que sea…) y ellos hacen todo el trabajo.

Pero, ¿y si el barco se avería en mitad de la nada? Ahí, reconozco, es cuando de verdad trabaja el departamento de máquinas y sin ellos, lo confieso, me hubiera quedado tirado en más de una ocasión… Pero también es verdad que los barcos rara vez navegan por “mitad de la nada”. Si el instruido lector busca en Google cuáles son las rutas marinas más importantes verá que la inmensa mayoría del tiempo, los barcos están relativamente cerca de tierra. Si la avería fuera tan grave que dejara el barco a la deriva, los talleres especializados podrían coger un barco con cierta autonomía y plantarse a bordo para las reparaciones de emergencia (igual que hay remolcadores de salvamento distribuidos entre los puertos principales por si hubiera una emergencia salir corriendo y evitar que el barco averiado se fuera contra las rocas).

Pero… dirá el lector de nuevo, he visto que algunos barcos cruzan el Atlántico y están separados de tierra mucho tiempo… Bueno, todo es cuestión de estudiar si sale rentable poner un barco nodriza en mitad del Atlántico que vaya dando cobertura a quien se lo pida…

Por supuesto, siempre surgirán problemas, pero se irán solucionando a medida que la demanda vaya haciendo interesante que crezca la oferta… Como todo, al principio serán medidas caras, pero cuantos más barcos implanten esta tecnología, más dinero se invertirá y más compañías surgirán para dar solución a los problemas que pueda haber y así es como se abarata el coste. Siempre ha sido igual. Lo mismo que pasar de la vela al vapor supuso al principio un coste adicional para la naviera (barcos más caros, que ahora consumían combustible en lugar de ser propulsados solamente por el viento…), pero en cuanto las ventajas competitivas dejaron claro que el vapor era el futuro, todos hicieron la transición.

No sé a qué se dedicará en el futuro mi hijo, tampoco sé si dentro de veinte años él tendrá que trabajar o la renta básica será ya algo real, lo que sí sé es que no estudiará náutica como su padre. La mía, quizá, sea la última generación de marinos que vea este planeta. Una tradición que ha sobrevivido milenios, desde los fenicios (los primeros grandes navegantes) hasta los petroleros y los cruceros de más de cuatrocientos metros que tenemos hoy en día. El futuro, no obstante, me parece igual de romántico que el pasado, los navegantes del mañana no surcaran los mares buscando nuevas tierras sino que cruzarán la galaxia en busca de otros sistemas. Es solo cuestión de tiempo… Dicen que el primer hombre en pisar Marte ya ha nacido, solo espero vivir lo suficiente como para ver ese momento de la historia de la humanidad.

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